sábado 21 de febrero de 2009

"Yo también exijo pruebas a Fujimori"

"Yo también exijo pruebas a Nakazaki"
Mié, 18/02/2009 - 17:50

Promedio:
Select ratingMaloBuenoMuy BuenoExcelenteEl MejorMaloBuenoMuy BuenoExcelenteEl Mejor
Promedio (4 votes)



Madre del niño de 8 años asesinado en barrios altos emplaza a defensa de Fujimori. Rosa Rojas Borda, la mujer que perdió a su hijo, a su esposo y a su tío en la matanza de Barrios Altos, reta a la defensa del ex presidente Fujimori a probar lo que alega: que las víctimas eran terroristas.

"He escuchado decir a César Nakazaki que las víctimas de Barrios Altos y La Cantuta eran terroristas y que por eso los mataron. Eso no es ni cierto ni justo, señor. Yo perdí en Barrios Altos a mi hijo y a mi esposo. Mi hijo tenía 8 años, él no sabía lo que era agredir a una persona, era un niño solidario, se compadecía de la gente que pedía un pan. Igual, mi esposo, un padre trabajador que no tenía ninguna militancia política y que solo vivía para su familia".

Este es el testimonio de Rosa Rojas Borda, esposa de Manuel Isaías Ríos Pérez, y madre del menor Javier Ríos Rojas, dos de las 15 víctimas de la matanza de Barrios Altos, uno de los casos por los que hoy se juzga al ex presidente Alberto Fujimori. La República conversó ayer con ella.

"He escuchado también –siguió declarando Rosa Rojas– que Nakazaki pide pruebas escritas para admitir la responsabilidad de Fujimori en los crímenes de Barrios Altos y La Cantuta. Pues, bien, yo también de mi parte le exijo que presente las pruebas documentadas de que mi esposo y mi menor hijo eran senderistas y que por eso los mataron".

Rosa Rojas se refirió luego a las declaraciones de Keiko, la hija de Fujimori. "Ella ha pedido algo parecido: pruebas, verdad y justicia. Mis hijas y yo le decimos que nosotras queremos lo mismo: las pruebas de que mi esposo, mi hijo, inclusive mi tío Teobaldo Ríos Lira, que también falleció en Barrios Altos, eran terroristas. Si no, no hay verdad ni justicia".



Las dos hijas a las que se refiere la mujer que perdió a su esposo y a su hijo en Barrios Altos son Cristina e Ingrid, a las que su madre ha sostenido y que hoy terminan sus estudios profesionales.

"En cambio, para juzgar a Fujimori sí existen pruebas –sigue arguyendo–. Las declaraciones de los Colina. La denuncia del general Rodolfo Robles, cómo no va a ser cierto lo que dice un general. Lo que declaró Benedicto Jiménez: la policía no tenía ninguna prueba de que las víctimas eran terroristas. Mi esposo no estuvo detenido ni siquiera por batidas. Qué más pruebas quieren. ¿Que los asesinos dejaran un documento firmado diciendo los matamos?".

Nakazaki ha dicho que Fujimori enfrenta cuatro juicios (jurídico, mediático, político e histórico). Para Rosa Rojas, hay uno solo. "A Fujimori lo están juzgando por los crímenes de Barrios Altos y La Cantuta, pero en realidad, bajo su gobierno, se ha asesinado a mucha gente. Ha destruido a mi familia. Éramos cinco, nos hemos quedado tres mujeres. Se fueron los dos hombres, me quedé sola con mis dos hijas".

La pollada

Rosa Rojas aportó datos desconocidos y precisiones sobre lo ocurrido el 3 de noviembre de 1991: La pollada la organizamos tres familias para acopiar fondos y cambiar la antigua tubería de desagüe del solar.

Antes hicimos dos actividades: una parrillada en febrero y una frijolada en mayo de ese año; pero recaudamos muy poquito dinero. Con mala suerte, la tesorera se mudó de casa y se fue con todo. El desagüe seguía atorándose y nosotros éramos los más perjudicados. Se salía todo, las ratas se subían por las paredes. Esa era la finalidad. El mismo domingo unos parlantes bulliciosos anunciaron otra pollada en el segundo piso. Era de los profesores del Sutep. Nosotros no sabíamos nada, nos sorprendimos más bien.



Nuestra pollada resultó raleada, unas 20 personas. Mi esposo llegó por la noche y se puso a tomar. Los vecinos venían, se llevaban su porción y se iban. Yo me dedicaba a freír y entregar. Nadie se quedaba, pero sí vendíamos cerveza a los vecinos. A las siete de la noche entonces mi esposo se fue a guardar el triciclo. Del depósito ya vino con sus amigos para que colaboren con la cerveza.

La incursión

A las diez de la noche ya habíamos acabado de vender, ya no había nada para despachar. Guardé mi cocina, guardé a mis hijos. Solamente mi esposo quedó ahí con sus amigos. Estábamos acomodando y en eso aparece mi hijo y le digo: uy, tus hermanas están solas. No te preocupes, yo te voy a ayudar, qué te falta. Barrer y de ahí llevamos a tu papá que está mareado. En ese momento entraron tres hombres. Nunca me olvidaré de sus rostros. Después supe que eran Martin Rivas, Sosa y Pichilingüe. Los tres estaban armados y con la cara descubierta.

Rivas dijo: todos los perros al piso, tírense al suelo. Me asusté y me corrí pero paré en seco y volví: señor, mi hijo. Vete adentro, vete. Pero, señor, mi hijo. Vete, y me mentó la madre.

Pensé que eran terroristas y busqué la ayuda de una vecina para sacar a mi familia. Al salir, Pichilingüe estaba apuntándonos a las dos. De nuevo nos mentó la madre. Señor, mi hijo, le dije. Nada. La señora dijo: vamos, esto es peligroso. Me jaló y nos fuimos.

Perdí de vista a mi hijo hasta que al volver al patio lo veo sentadito con la escoba en la mano. Yo pensé que estaba acurrucado, asustado. Me alegré y quise cargarlo, pero no podía, así que pedí ayuda para levantarlo y llevarlo al hospital. En ese afán llegó un policía, me ayudó y me convenció de que mi hijo estaba muerto. Yo no le quería creer.

La cifra

53 víctimas del grupo Colina se han contabilizado hasta la fecha. De ellas, 15 corresponden a Barrios Altos.

Tres mujeres solas contra el mundo

Rosa Rojas Borda es una historia singular. Vivía en El Agustino. Se enamoró a los 14 años. A los 17 tuvo su primer hijo, Javier, que fue acribillado con 11 balazos al lado de su padre, Manuel Isaías Ríos Pérez. La pareja tuvo además dos niñas: Cristina e Ingrid.

El padre estudió artes gráficas, contabilidad, inglés y electricidad, pero las necesidades del temprano hogar lo obligaron a trabajar como vendedor de helados. Rosa se ayudaba vendiendo golosinas en la Plaza Italia.

Al quedar viuda, se dedicó por completo a su labor de ambulante para sostener a sus dos hijas. Ambas cursan hoy estudios universitarios y se perfilan como futuras profesionales. Su madre inclusive trabajó un año en España para financiar los estudios de las jóvenes.

Apenas producida la matanza de Barrios Altos debió enfrentar el sembrado de versiones falsas en los medios sobre los antecedentes de su esposo. Para presentarlo como supuesto terrorista se dijo que era natural de Ayacucho y había purgado condena en un penal. Versión del canal oficial de la TV. En realidad, Manuel Ríos nació en Santiago de Tuna, provincia de Huarochiri, Lima. Y jamás sufrió carcelería.

Rosa Rojas tenía 25 años cuando perdió a su esposo y a su hijo. Nada de eso la amilanó. Ahora frisa los 43. Se mantiene fiel a la memoria de su cónyuge. "Puedo tener una pareja, pero el sentimiento no es lo mismo. El amor que conocí con mi esposo es muy diferente, porque empezamos de niños. La felicidad que viví con Manuel Isaías me alimenta hasta hoy".

Edmundo Cruz.