martes 25 de agosto de 2009

CAOBA "C": CÉSAR VALLEJO Y SU INTERESANTE ARTÍCULO SOBRE LA VIDA DE HAYA DE LA TORRE EN ALEMANIA BEBIENDO DEL FASCISMO

CAOBA "C": CÉSAR VALLEJO Y SU INTERESANTE ARTÍCULO SOBRE LA VIDA DE HAYA DE LA TORRE EN ALEMANIA BEBIENDO DEL FASCISMO

sábado 21 de febrero de 2009

"Yo también exijo pruebas a Fujimori"

"Yo también exijo pruebas a Nakazaki"
Mié, 18/02/2009 - 17:50

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Madre del niño de 8 años asesinado en barrios altos emplaza a defensa de Fujimori. Rosa Rojas Borda, la mujer que perdió a su hijo, a su esposo y a su tío en la matanza de Barrios Altos, reta a la defensa del ex presidente Fujimori a probar lo que alega: que las víctimas eran terroristas.

"He escuchado decir a César Nakazaki que las víctimas de Barrios Altos y La Cantuta eran terroristas y que por eso los mataron. Eso no es ni cierto ni justo, señor. Yo perdí en Barrios Altos a mi hijo y a mi esposo. Mi hijo tenía 8 años, él no sabía lo que era agredir a una persona, era un niño solidario, se compadecía de la gente que pedía un pan. Igual, mi esposo, un padre trabajador que no tenía ninguna militancia política y que solo vivía para su familia".

Este es el testimonio de Rosa Rojas Borda, esposa de Manuel Isaías Ríos Pérez, y madre del menor Javier Ríos Rojas, dos de las 15 víctimas de la matanza de Barrios Altos, uno de los casos por los que hoy se juzga al ex presidente Alberto Fujimori. La República conversó ayer con ella.

"He escuchado también –siguió declarando Rosa Rojas– que Nakazaki pide pruebas escritas para admitir la responsabilidad de Fujimori en los crímenes de Barrios Altos y La Cantuta. Pues, bien, yo también de mi parte le exijo que presente las pruebas documentadas de que mi esposo y mi menor hijo eran senderistas y que por eso los mataron".

Rosa Rojas se refirió luego a las declaraciones de Keiko, la hija de Fujimori. "Ella ha pedido algo parecido: pruebas, verdad y justicia. Mis hijas y yo le decimos que nosotras queremos lo mismo: las pruebas de que mi esposo, mi hijo, inclusive mi tío Teobaldo Ríos Lira, que también falleció en Barrios Altos, eran terroristas. Si no, no hay verdad ni justicia".



Las dos hijas a las que se refiere la mujer que perdió a su esposo y a su hijo en Barrios Altos son Cristina e Ingrid, a las que su madre ha sostenido y que hoy terminan sus estudios profesionales.

"En cambio, para juzgar a Fujimori sí existen pruebas –sigue arguyendo–. Las declaraciones de los Colina. La denuncia del general Rodolfo Robles, cómo no va a ser cierto lo que dice un general. Lo que declaró Benedicto Jiménez: la policía no tenía ninguna prueba de que las víctimas eran terroristas. Mi esposo no estuvo detenido ni siquiera por batidas. Qué más pruebas quieren. ¿Que los asesinos dejaran un documento firmado diciendo los matamos?".

Nakazaki ha dicho que Fujimori enfrenta cuatro juicios (jurídico, mediático, político e histórico). Para Rosa Rojas, hay uno solo. "A Fujimori lo están juzgando por los crímenes de Barrios Altos y La Cantuta, pero en realidad, bajo su gobierno, se ha asesinado a mucha gente. Ha destruido a mi familia. Éramos cinco, nos hemos quedado tres mujeres. Se fueron los dos hombres, me quedé sola con mis dos hijas".

La pollada

Rosa Rojas aportó datos desconocidos y precisiones sobre lo ocurrido el 3 de noviembre de 1991: La pollada la organizamos tres familias para acopiar fondos y cambiar la antigua tubería de desagüe del solar.

Antes hicimos dos actividades: una parrillada en febrero y una frijolada en mayo de ese año; pero recaudamos muy poquito dinero. Con mala suerte, la tesorera se mudó de casa y se fue con todo. El desagüe seguía atorándose y nosotros éramos los más perjudicados. Se salía todo, las ratas se subían por las paredes. Esa era la finalidad. El mismo domingo unos parlantes bulliciosos anunciaron otra pollada en el segundo piso. Era de los profesores del Sutep. Nosotros no sabíamos nada, nos sorprendimos más bien.



Nuestra pollada resultó raleada, unas 20 personas. Mi esposo llegó por la noche y se puso a tomar. Los vecinos venían, se llevaban su porción y se iban. Yo me dedicaba a freír y entregar. Nadie se quedaba, pero sí vendíamos cerveza a los vecinos. A las siete de la noche entonces mi esposo se fue a guardar el triciclo. Del depósito ya vino con sus amigos para que colaboren con la cerveza.

La incursión

A las diez de la noche ya habíamos acabado de vender, ya no había nada para despachar. Guardé mi cocina, guardé a mis hijos. Solamente mi esposo quedó ahí con sus amigos. Estábamos acomodando y en eso aparece mi hijo y le digo: uy, tus hermanas están solas. No te preocupes, yo te voy a ayudar, qué te falta. Barrer y de ahí llevamos a tu papá que está mareado. En ese momento entraron tres hombres. Nunca me olvidaré de sus rostros. Después supe que eran Martin Rivas, Sosa y Pichilingüe. Los tres estaban armados y con la cara descubierta.

Rivas dijo: todos los perros al piso, tírense al suelo. Me asusté y me corrí pero paré en seco y volví: señor, mi hijo. Vete adentro, vete. Pero, señor, mi hijo. Vete, y me mentó la madre.

Pensé que eran terroristas y busqué la ayuda de una vecina para sacar a mi familia. Al salir, Pichilingüe estaba apuntándonos a las dos. De nuevo nos mentó la madre. Señor, mi hijo, le dije. Nada. La señora dijo: vamos, esto es peligroso. Me jaló y nos fuimos.

Perdí de vista a mi hijo hasta que al volver al patio lo veo sentadito con la escoba en la mano. Yo pensé que estaba acurrucado, asustado. Me alegré y quise cargarlo, pero no podía, así que pedí ayuda para levantarlo y llevarlo al hospital. En ese afán llegó un policía, me ayudó y me convenció de que mi hijo estaba muerto. Yo no le quería creer.

La cifra

53 víctimas del grupo Colina se han contabilizado hasta la fecha. De ellas, 15 corresponden a Barrios Altos.

Tres mujeres solas contra el mundo

Rosa Rojas Borda es una historia singular. Vivía en El Agustino. Se enamoró a los 14 años. A los 17 tuvo su primer hijo, Javier, que fue acribillado con 11 balazos al lado de su padre, Manuel Isaías Ríos Pérez. La pareja tuvo además dos niñas: Cristina e Ingrid.

El padre estudió artes gráficas, contabilidad, inglés y electricidad, pero las necesidades del temprano hogar lo obligaron a trabajar como vendedor de helados. Rosa se ayudaba vendiendo golosinas en la Plaza Italia.

Al quedar viuda, se dedicó por completo a su labor de ambulante para sostener a sus dos hijas. Ambas cursan hoy estudios universitarios y se perfilan como futuras profesionales. Su madre inclusive trabajó un año en España para financiar los estudios de las jóvenes.

Apenas producida la matanza de Barrios Altos debió enfrentar el sembrado de versiones falsas en los medios sobre los antecedentes de su esposo. Para presentarlo como supuesto terrorista se dijo que era natural de Ayacucho y había purgado condena en un penal. Versión del canal oficial de la TV. En realidad, Manuel Ríos nació en Santiago de Tuna, provincia de Huarochiri, Lima. Y jamás sufrió carcelería.

Rosa Rojas tenía 25 años cuando perdió a su esposo y a su hijo. Nada de eso la amilanó. Ahora frisa los 43. Se mantiene fiel a la memoria de su cónyuge. "Puedo tener una pareja, pero el sentimiento no es lo mismo. El amor que conocí con mi esposo es muy diferente, porque empezamos de niños. La felicidad que viví con Manuel Isaías me alimenta hasta hoy".

Edmundo Cruz.

sábado 11 de octubre de 2008

"¿POR QUÉ VIVO EN ESTADOS UNIDOS?", Jorge Majfud
majfud@gmail.com


11-10-2008


En 2001, Oriana Fallaci escribió su célebre artículo "La Rabbia e
l'Orgoglio" donde no sólo hacía un ataque indiscriminado a los
inmigrantes del tercer mundo en Europa y Estados Unidos sino a todas
las culturas que no eran la "cultura Occidental". En el 2002 publiqué
en algunos diarios una larga respuesta sobre al menos una veintena de
puntos, los cuales consideré errores de la autora. El ensayo se llamó
"El lento suicidio de Occidente" (*) y, lejos de atacar a Occidente y
elogiar a Oriente, la idea central radicaba en prevenir a Occidente de
uno de sus mayores enemigos: Occidente mismo.

Gracias a este ensayo he recibido ataques anónimos que van desde recuerdos sobre mis antepasados —factor que explicaría mis razonamientos— hasta advertencias de los dueños del mundo sobre los peligros de discurrir por carriles no oficiales.Hace pocos días un amigo me envió por correo la crítica de un lector y
me pidió que respondiera a sus observaciones. En síntesis, el lector,
asumiéndose como estadounidense, se preguntaba si realmente yo me
sentía tan incómodo con nuestra cultura y nuestros valores ("our
culture and values"), por qué no me iba a vivir a esos países que
tanto admiraba. Al final agregaba: "no importa si Majfud está en lo
cierto sobre Occidente. Se trata de coherencia. Lo menos que se le
puede pedir a un intelectual es coherencia".
La verdad es que admiro la filosofía griega de los siglos V y IV, la
poesía de Omar Kayyam, la física de Albert Einstein, pero creo
innecesario y quizás imposible irme a vivir a la Grecia de Pericles, a
la antigua Persia o la Alemania nazi de los años veinte. De hecho, la
mayor parte de los intelectuales alemanes que se exiliaron en Estados
Unidos durante el nazismo no pasaron a ser, por esa razón, acríticos
complacientes del nuevo orden —sin duda preferible al que abandonaban—
sino que continuaron coherentes con su pensamiento anterior: el poder
no necesita defensores; suficientes aduladores tiene.
Es parte de un pensamiento fascista confundir a todo un país con la
ideología de quienes dominan sus esferas de poder: si alguien critica
a la ideología dominante X —muchas veces articulada por intelectuales
funcionales al poder militar y económico del momento—, estaría
atacando a todo el país donde domina X, ergo alguien debe irse a vivir
a otra parte y dejar a X expandirse libremente hasta el último rincón
de la conciencia humana.
Está claro que este lector no terminó de leer el ensayo, urgido por
una reacción epidérmica, propia de las primeras etapas de la nueva
cultura digital. Si mencioné que los holocaustos, las inquisiciones y
la vasta practica de la tortura también eran productos bien
occidentales, no fue para demostrar la inferioridad de Occidente sino,
por el contrario, para ejercitar una costumbre también occidental
según la cual ha sido la crítica y no la adulación la que ha prevenido
algunas veces contra nuestros propios defectos. Entre éstos, contemos
la soberbia y la pureza de la ignorancia, según la cual todo fue
inventado por Europa o por Estados Unidos hace cien años, desde el
alfabeto fenicio, los números arábigos, la teología africana y hebrea,
los fundamentos de las ciencias y el vasto legado de las artes y el
pensamiento.
A lo largo de la historia ha existido este tipo de pensamiento, pero
en determinados periodos ha dominado la mayoría de una sociedad y en
ocasiones ha regido las leyes de un gobierno y de un Estado. En el
siglo XX se llamó fascismo pero hay ejemplos anteriores, como el de la
España del siglo XV y XVI. A pesar de que la península ibérica tenía
una de las culturas más antiguas y más ricas en diversidad cultural,
racial, religiosa y lingüística, hubo un movimiento político que
definió cuál era "nuestra cultura" y decidió que ser español era ser
católico, hablar castellano, tener la piel blanca y la sangre libre de
la contaminación de moros y judíos. Este gran país se desangró por
siglos tratando de superar la cultura del garrote ideológico y
policial hasta que en el siglo XX el generalísimo Francisco Franco
rescató el mito fascista: hay una sola forma de ser español, de ser
hombre, de hablar, de pensar y de publicar, de merecer la vida o de
merecer pisar la tierra limitada por unos límites políticos,
generalmente arbitrarios.
Este ejemplo de uno de los países que más quiero sobre el planeta
después de mi propio país es apenas un ejemplo clásico. No tendría
espacio para recordar que esta misma idea fascista de unidad y pureza
por exclusión hizo estragos en todas las dictaduras de América Latina
como en África, en Oriente y en cualquier rincón del planeta por donde
miremos. Incluido, está de más decir, mi país de origen, a quien
quiero sin razones y sin justificar mis emociones diciendo que es el
mejor país del mundo ni que allí está la gente más buena y más bonita,
lo cual además de arbitrario demuestra un nacionalismo con retardo
agudo, cuando el país no es una potencia mundial, y un nacionalismo
peligroso, cuando lo es.
Afortunadamente en Estados Unidos viven millones de personas que no
piensan como mi inquisidor. Millones de personas no creen que este
país heterogéneo, compuesto de muchos estados y de muchos otros grupos
disidentes del poder político, se defina por una única cultura y unos
valores únicos, imprecisamente definidos pero claramente declarados
por algunos grupos fascistas que ni siquiera conocen la historia del
país donde nacieron pero se arrogan el derecho de excluir de la moral
a todos aquellos que no caen dentro de su estrecho círculo mental. En
esto son tan coherentes como puede serlo una mula que, al poseer una
sola idea para todo, no puede nunca entrar en contradicciones. También
los señores que azotaban a los negros esclavos en el siglo XIX —o los
apaleaban y arrastraban con sus camionetas en el siglo XX— y los
esclavos compartían los mismos valores y la misma cultura. Otros
hombres y mujeres, libres y esclavos, despreciaron estos valores y
esta cultura dominante y no fueron precisamente los peores norteamericanos.
Debería comenzar respondiendo que vivo en Estados Unidos porque no
vivo solo, porque no soy yo el dictador que decide donde debe vivir mi
familia, según sus deseos y necesidades. Vivo en Estados Unidos porque
es aquí donde tengo mi trabajo. Estas deberían ser dos razones
suficientes, pero nunca debemos subestimar la simplicidad del fascismo.

Cuando vivía en mi país (mi país de origen, no de mi propiedad) y
publicaba duras críticas contra su gobierno y contra algunas de
nuestras costumbres, no faltó el fascista que me acusara de
antipatriota, lo que también sugería que para ser patriota es
necesario un alto grado de acrítica (hipo-critica). Cuando la crisis
económica azotó la clase media y baja en mi país, me vi en la
definitiva necesidad de emigrar, aceptando una invitación de un
profesor norteamericano para continuar mi carrera aquí. Los ricos y
acomodados en el poder de turno no emigran. Mueven sus capitales o
salen de vacaciones y luego se inflaman el pecho con su patriotismo. "El señor X sirvió toda la vida a su patria", repiten luego, para
disimular el hecho de que su patria le sirvió toda la vida.
Es decir, vivo en Estados Unidos porque ejerzo el derecho a trabajar
donde considero que hay una mejor oportunidad de trabajo, como
cualquier otra persona, y eso no significa que deba hacer un ojo ciego
a todos los defectos y barbaridades que veo en el país donde vivo.
También muchos norteamericanos viven y trabajan en Irak y en muchos
otros países, al tiempo que critican o desprecian esas mismas
culturas. Y no por eso se van de allí. También muchos norteamericanos
tienen grandes negocios en casi todos los países del mundo, trabajan y
viven en ellos y no es amor por los valores y la cultura de esos
países lo que los mantiene donde están.
No es mi caso. Yo no desprecio el país de mi hijo. Vivo en Estados
Unidos porque todavía creo que este país no está compuesto de
trescientos millones de McCarthys sino también de unos cuantos Carl
Sagan, Norman Mailer, Ernest Hemingway, Toni Morrison, Charles
Bukowski, Paul Auster, Truman Capote, Noam Chomsky y outsiders como
Edward Said, Albert Einstein y muchos más que en su momento fueron
acusados de ser elementos peligrosos, sólo porque se atrevieron a
ejercer la crítica radical —radical, como toda critica que va a las
raíces de un problema— porque aun creían en la humanidad.
Vivo en Estados Unidos porque también admiro algo de este país —me dan
risa los que afirman alegremente que aquí no hay cultura—, no por la
basura que es consumida como deliciosos manjares sino por sus
exquisitas mentes que son despreciadas como basura. Es decir que
también vivo en Estados Unidos porque, para un escritor acostumbrado a
la lucha dialéctica, nada mejor que vivir, como decía José Martí con
alguna imprecisión, "en las entrañas del monstruo".
Vivo en Estados Unidos porque no creo que un país o una cultura tengan
dueños ideológicos ni dueños legales. Vivo en Estados Unidos como
podría vivir en cualquier otro lugar del mundo, porque me puede mover
la necesidad laboral y profesional, pero no me amedrentan aquellos que
no solo se creen dueños del Planeta sino que además pretenden expandir
sus dominios exigiendo que los críticos terminen por ceder,
amablemente y de forma voluntaria, los últimos espacios que todavía
quedan para la disidencia o, simplemente, para el análisis crítico.

Jorge Majfud
Lincoln University

sábado 20 de septiembre de 2008

GARCÍA, UN SOFISTA DE CUIDADO, Sinesio López

La República, Lima, 19 de setiembre del 2008



Como presidente está desaprobado. Como analista político también. García sostiene que "lo importante de la encuesta es (mostrar) que no hay en marcha un movimiento antisistema y destructivo de lo que se está haciendo. Al contrario, la encuesta demuestra que hay una solidificación de los rumbos básicos que tiene este gobierno". ¿Qué encuesta leyó García? La encuesta del IOP de la PUCP, a la que alude, muestra todo lo contrario.

Veamos dos campos que examina la encuesta y que hacen parte del desempeño de García: el funcionamiento de la democracia y la situación económica. El 66% de los peruanos está insatisfecho y muy insatisfecho con la democracia en los tiempos de García. La insatisfacción es mayor en las mujeres, los jóvenes, las clases populares, los pobres, los muy pobres y en las regiones del Sur y del Centro en donde llega a más del 80%.

En el campo de la economía, en el que García cree tener su mejor desempeño, la situación es parecida. Solo el 25% cree que su situación económica ha mejorado en los últimos doce meses, el 32% siente que sigue igual, y un abultado 43% piensa que ha empeorado. Es el caso de las mujeres, de los mayores de 45 años, de las clases populares, de los pobres y los muy pobres y de las regiones del Sur (54%) y del Centro (61%).

La situación se agrava cuando examinan la situación económica del país: el 52% cree que ella está peor que hace doce meses. Los más pesimistas son nuevamente las mujeres (52%), los mayores de 30 años (58%), las clases populares (56%), los pobres y muy pobres (55%), Lima y Callao (52%) y las regiones del Sur (62%) y del Centro (66%). ¿Dónde está la "solidificación de rumbos que tiene este gobierno"? Para la mayoría existe más bien un extravío de rumbos.

Con estos resultados no debiera llamar la atención que, contrariamente a lo que piensa García, haya "en marcha un movimiento antisistema". Al 45% de los peruanos le da lo mismo cualquier forma de gobierno y está dispuesto a aceptar un gobierno autoritario o una dictadura. Es a todas luces una actitud antisistema que puede alimentar fácilmente un movimiento antisistema. Este sentimiento de rechazo a la democracia –que es el verdadero sentido del concepto antisistema en la teoría política– se desarrolla sobre todo en las mujeres (49%), en las clases populares (47%), en los pobres y muy pobres (53%), en el Sur (47%) y en el Oriente (58%). García no presta la debida atención a este creciente rechazo ciudadano de la democracia como régimen político.

¿Qué es entonces el antisistema? García ni siquiera estira el concepto desde la política para extenderlo al modelo económico neoliberal sino que lo concentra en este. Es antisistema toda crítica, oposición y rechazo al modelo neoliberal. Este punto de vista erróneo y conservador conduce a absurdos como el siguiente: todos los demócratas que se oponen al modelo neoliberal forman parte de un movimiento antisistema. Este absurdo es, sin embargo, congruente con el pensamiento de los neoliberales que reducen su liberalismo al campo económico y lo excluyen del campo político en donde son profundamente conservadores y autoritarios.

Desde esta perspectiva conservadora, la mayoría de los peruanos formaría parte de un movimiento antisistema: solo el 45% está de acuerdo con "promover la economía privada de mercado como única forma para que el país avance". La mayoría, en cambio, está de acuerdo con "promover una mayor participación del Estado en la economía como única forma para que el país avance". Este el punto de vista de la mayoría de las mujeres (51%), de los jóvenes (52%), de las clases populares (50%), de los pobres y muy pobres (59%), y de las regiones del Sur (57%), Centro (52%) y Oriente (57%).

Pese a la muy alta desaprobación (75%), García no se rinde, ni se siente pesimista ni derrotado, pues hace suyos los avances de Castañeda, Flores, Toledo y Keiko Fujimori porque van a seguir supuestamente el mismo camino: "Ninguna de estas personas traería a nuestro país una revolución colectivista, estatizante, antiinversión, antipequeña empresa".

El sofista García en acción, buscando salvar al político García. En la conciencia de la gente, sin embargo, Castañeda, Flores, Toledo, Keiko avanzan porque García se hunde. La gente no los premia porque son la continuidad de García, sino porque son sus críticos. Esta actitud ciudadana es más contundente en el caso de Ollanta Humala (ninguneado por García). Si alguno de ellos dijera que sigue "los rumbos básicos" de García, seguiría también la misma suerte política de este.

En realidad, lo que la encuesta muestra es el desarrollo incipiente de bastiones y de las principales competencias políticas en ellos. Lourdes tiene sus bastiones en Lima y en el Norte y su competidor inmediato es Toledo en ambos casos. Toledo tiene como bastión el Oriente y su competidora inmediata es Lourdes. El bastión de Ollanta es el Sur y su competidora inmediata es Keiko Fujimori.

El Centro es un terreno de disputa entre Lourdes, Toledo y Ollanta. ¿La competencia inmediata supone una disputa del mismo tipo de electores? Cualquiera sea la respuesta y el análisis de sus consecuencias políticas, se requiere un análisis más amplio.

jueves 18 de septiembre de 2008

PUTIS: "MIS DERECHOS HUMANOS", "TUS DERECHOS HUMANOS", Rodrigo Montoya

En 1984, el ejército peruano asesinó en Putis, una aldea quechua ayacuchana, a 123 personas identificadas por la Comisión de la Verdad y la reconciliación, CVR. Los reunió con el pretexto de protegerlos de Sendero Luminoso y de ayudarlos con una piscigranja para su “desarrollo”. Violaron a las mujeres antes de matarlas. Hubo 19 niños entre las víctimas. Les pidieron que cavaran una fosa grande y los enterraron. Esta es una historia como muchísimas otras. Basta leer el informe final de la CVR para conocer el horror producido por los dos bandos de la guerra.
24 años después, no hay una investigación sobre lo ocurrido en Putis. El Ejército y el Ministerio de Defensa se niegan a dar información alguna. Si todo sigue así, seguirá floreciendo la impunidad. Edwin Donayre, Comandante general del Ejército, se defiende diciendo: “Hay que tomar en cuenta el contexto en el que se produjeron esas muertes”. En otras palabras, lo que quería decir sería: “Era correcto matarlos porque eran terroristas y el presidente de la República había dado el encargo de acabar con el terrorismo para salvar la democracia”. Lo mismo ocurrió a mediados del siglo XVI cuando el cura Juan Ginés de Sepúlveda publicó su libro “Tratado de las justas causas de la guerra contra los indios”, para que los soldados, acaben con “los indios” por no ser cristianos y por no aceptar el dominio de los que se hacían llamar cristianos.
En el quinto aniversario de la entrega del Informe Final de la CVR, el Perú sigue reproduciendo sus fracturas profundas: “mis muertos”, “tus muertos”. ¿Cuántos podemos decir “nuestros muertos” hablando del Perú en general y reconociendo a los otros como parte de nosotros? Debiéramos estar de acuerdo en la defensa universal de los derechos humanos, de la vida, en particular, para no perderla en manos de los que con sus hechos gritan “viva la muerte”. Para los generales y su comando de civiles (fujimoristas, apristas, derechistas de todo pelaje y el catolicismo oficial) los únicos que tienen derechos humanos son los oficiales y soldados caídos. Los del otro bando no cuentan, menos los pueblos indígenas de los Andes y la Amazonía que pusieron las tres cuartas partes de los 70 mil muertos entre 1980 y 2,000. Como en el siglo XVI. Otra vez la escisión: “Mis derechos humanos”, “tus derechos humanos”. Pero los que niegan los derechos humanos de los otros son los primeros en hablar de la “reconciliación” entendida como perdón sin justicia y sin verdad. Por ese camino se cierran y reabren los ciclos de violencia, pero no terminan.
Cuando en el mundo andino preguntamos por los desaparecidos y por los responsables de las masacres como la de Putis, hasta las piedras nos responden, pero los generales no. Son sordos, ciegos, no sienten y se vuelven mudos en todos los idiomas, aunque alguno como el general Edwin Donayre habla quechua. Por ese camino la reconciliación es y será, simplemente, imposible.

miércoles 17 de septiembre de 2008

Bolivia: Una guerra inmemorial, Ramiro Lizondo Díaz



Para quien se interese en la historia, podrá darse cuenta que la de Bolivia, es la de las masacres indígenas, campesinas y obreras desde la colonia hasta hoy. La República se sostuvo sobre la explotación de la fuerza de trabajo indígena y la base de recursos naturales, hasta hoy. El expolio y explotación consolidó una estructura social e institucional vinculada a la producción y exportación de materias primas, consolidando en el largo plazo, una condición de dependencia que lo convirtió en uno de los países más pobres del hemisferio occidental.


Con una organización social extremadamente estratificada y un horizonte estatal frágil el transcurrir de su historia estuvo marcado por la exclusión y masacre. Los pueblos originarios nunca dejaron de manifestar sus anhelos de libertad, como lo prueban las innumerables sublevaciones, tanto las que culminaron con el gran alzamiento de 1780, como también las que se realizaron contra las haciendas, durante la República. Algunas de estas sublevaciones indígenas y campesinas tuvieron una magnitud enorme no sólo por el esfuerzo de la movilización y la tragedia que representó la masacre sino por la memoria y la herencia emancipatoria transmitida de generación en generación. Las de 1874 y 1899, tanto en las tierras altas como en las tierras bajas del país, ya en el siglo XX no dejarían de ser movilizaciones que terminarían en nuevas masacres como la rebelión de Jesús de Machaca en 1921 o la de Chayanta en 1928.

Las masacres obreras también tenían su marca de dramatismo como la matanza de mineros en Uncía en 1923, Catavi en 1942, la guerra del Chaco (1932-1935), la revolución de 1946, la de 1952, la de 1964, la matanza de San Juan en 1967, el golpe militar de Bánzer en 1971, la masacre de trabajadores fabriles y universitarios de noviembre de 1979, la marcha por la vida en 1986, la marcha por tierra y territorio de 1990, la masacre de Amayapampa y Capasirca de 1997, las guerras del agua (2000), la guerra del gas y la masacre de El Alto de 2003; ahora la masacre de Pando (2008).

Con el tiempo, se consolidó en la estructura mental de los pueblos indígenas y los movimientos populares, tanto de las tierras altas como de las tierras bajas, una cultura política insurreccional y de resistencia anticolonial que fue y es una guerra larga e intermitente contra los invasores y sus descendientes que cruza de forma transversal toda la historia boliviana.

Ahora, los movimientos populares e indígenas a la cabeza de Evo Morales, se han convertido en una real opción de poder y construcción de una nueva hegemonía política que cuestiona el entramado oligárquico-clientelar y antinacional que gobernó el país hasta hace dos años atrás. Los movimientos indígenas ya no son sujetos de postal folcklórica, ahora son una real opción de poder político. Esa es la dimensión de este nuevo paradigma. Incluso a la izquierda tradicional anclada en paradigmas que ya no se sostienen, como el hecho de asumir la “inevitable” vanguardia obrera en todos los procesos revolucionarios, le cuesta asumir la potencia de este nuevo y a la vez antiguo actor social cuya estrategia de poder se sustenta en la recuperación del Estado para las mayorías nacionales y que éste sirva no solo para asegurar la propiedad de los recursos naturales para todos los bolivianos, sino para redistribuir las rentas que se puedan obtener de su explotación.

El conservadurismo de la oligarquía boliviana, idéntica a la de toda la región, se vio obligada a aceptar que les gobierne un “indio”, que según sus cálculos, caería por su propio peso y su condición de tal. Pero cuando se cuestiona la estructura de propiedad de la tierra están dispuestos a todo con tal de no abandonar el escenario de la historia.

La abierta sedición de la derecha responde a una estrategia planificada y coordinada de violencia, bloqueos de caminos, ocupación de entidades estatales; control y saqueo de las instituciones públicas, plan de hostigamiento y amenazas; ocupación de cuarteles, voladura de válvulas de gas, desabastecimiento de productos básicos, desestabilización económica, creación de un clima de inseguridad y desgobierno. Un plan golpista en toda regla que coincide casi como una calca con lo que había pasado en Chile en el gobierno de Salvador Allende. Sin embargo, aún queda la sensación de pasividad por parte del gobierno boliviano.

Los movimientos sociales han tomado la iniciativa para detener la escalada golpista con la movilización de las bases, cuya decisión es frenar a la derecha con la autoridad moral que les da la sangre derramada, su conciencia política, su capacidad combativa y el horizonte de visibilidad de un modelo de país distinto, porque han sido ellos quienes han cargado sobre sus hombros los vejámenes y la marginación a la que los sometió la colonia y el estado republicano oligárquico.

El gobierno popular tiene la obligación de hacer respetar el Estado de Derecho en todo el país y llevar ante la justicia a los criminales, sediciosos y paramilitares fascistas que se han apuntado una nueva masacre. Lo que se pensaba tenía que ser el elemento que encendiera los sentimientos regionalistas autonomistas de la derecha fascista, ha generado una reacción contraria. El crimen y la barbarie de su accionar los deja en evidencia.

Las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, históricamente han respondido a los intereses de la oligarquía de la que sus principales oficiales provienen. Eso explica en parte su posición de "brazos caídos" e inoperancia frente al accionar amenazante de la clase social con la que ellos mismos se identifican. En la historia de las masacres, los militares fueron siempre los actores inconfundibles de la represión y la muerte. En todos los casos actuaron como sicarios al servicio de las oligarquías. Excepto en la última masacre campesina de Pando. Esto no es señal de nada, sólo deben cumplir la ley que les asigna la responsabilidad de ser "garantes de la unidad de la patria", y obedecer a su Capitán General, el Presidente Evo Morales. Pero no hay que caer en la ingenuidad de pensar que están de acuerdo con el nuevo proyecto de país que se construye en Bolivia.

La mayor debilidad del campo popular es su extrema diversidad y las luchas sectoriales. La mayor ventaja, la capacidad y tradición de lucha revolucionaria. Se ha llegado al punto de bifurcación, al punto de inflexión y quiebre. La salida "democrática" ya ha sido agotada con los resultados del Referéndum Revocatorio. La violencia la han provocado los facciosos, deben atenerse a las consecuencias de la respuesta popular. La guerra civil que muchos temen, en realidad ya había comenzado hace mucho tiempo, solo que ahora adquiere una dinámica diferente, un liderazgo distinto. El proyecto emancipatorio que debemos apoyar es la “Revolución democrática y cultural”.

Evo toma con una fortaleza abrumadora el mando de esta nueva etapa. Definiendo que su posición está al lado de ese pueblo que hoy decide asumir el reto que le impone la historia. La principal tarea de los movimientos sociales e indígenas es llevar la iniciativa y pasar de la resistencia a la ofensiva. El siguiente paso es aprobar la Nueva Constitución Política del Estado.

- Ramiro Lizondo Díaz es economista boliviano. Universidad Autónoma de Barcelona.



jueves 24 de julio de 2008

UN SALUDO POR FIESTAS PATRIAS

Un saludo por FIESTAS PATRIAS DEL PERÚ: con el ánimo de seguir construyendo una patria hermosa, como la vio Heraud, y como la queremos todos los que tenemos el corazón en su sitio.

La actualización del blog la reiniciamos el día 30 de julio.

Un abrazo sincero.

Julio Carmona